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La transformación del automóvil no elimina profesionales: elimina perfiles que no evolucionan

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Xavier Castelló

Director de Proyectos y Formación Continua en Monlau Corporate

La industria del automóvil europea está viviendo uno de los momentos de mayor transformación de su historia. Durante décadas, Europa fue referente mundial en fabricación de vehículos, ingeniería, calidad industrial y desarrollo tecnológico. Sin embargo, el cambio hacia el vehículo eléctrico, la digitalización, la llegada de nuevos competidores asiáticos y la necesidad de reducir costes están obligando a los grandes fabricantes a replantear sus estructuras productivas.

Las recientes noticias relacionadas con el Grupo Volkswagen son un ejemplo claro de esta situación. El fabricante alemán ha anunciado un ambicioso plan de ajuste dentro de su estrategia de futuro, que contempla una reducción de alrededor de 50.000 puestos de trabajo y la revisión de la capacidad industrial de varias plantas en Alemania.

En paralelo, diferentes informaciones periodísticas han situado a SEAT en el centro del debate, apuntando a una posible desaparición progresiva de la marca como fabricante de vehículos para concentrar la estrategia del grupo en Cupra. Desde SEAT se ha trasladado que no existe una decisión definitiva sobre este escenario, pero la incertidumbre refleja una realidad: incluso marcas históricas deben justificar su papel dentro de los grandes grupos internacionales.

La pregunta que debemos hacernos no es únicamente qué ocurrirá con una marca concreta, una fábrica determinada o un modelo industrial que ha funcionado durante décadas. La verdadera cuestión es: ¿Está preparado el talento del sector para la nueva automoción?

El automóvil no desaparece, cambia

En ocasiones, cuando hablamos de cierres de plantas o reducción de empleo, transmitimos la sensación de que la industria del automóvil está en declive. Pero la realidad es más compleja.

El automóvil no está desapareciendo. Está cambiando.

Los vehículos actuales incorporan cada vez más electrónica, software, conectividad, sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS), baterías de alta tensión, inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y nuevos modelos de mantenimiento.

El taller del futuro ya no será únicamente un espacio donde se sustituyen piezas mecánicas. Será un entorno donde convivirán:

La transformación tecnológica no reduce la necesidad de profesionales. Reduce la necesidad de profesionales que mantengan únicamente las competencias del pasado.

El gran reto: transformar trabajadores experimentados en profesionales del futuro

Uno de los mayores valores de la industria europea es precisamente su capital humano. Miles de trabajadores acumulan décadas de experiencia en procesos industriales, fabricación, reparación, calidad y mantenimiento.

Ese conocimiento no debe perderse.

El error sería pensar que un profesional con experiencia en automoción pertenece a una tecnología antigua. La experiencia industrial es una ventaja competitiva enorme, pero necesita complementarse con nuevas competencias.

Un técnico que durante años ha trabajado con motores térmicos, sistemas mecánicos o procesos de fabricación puede convertirse en un profesional altamente cualificado para la nueva movilidad si recibe una actualización adecuada.

La clave no está en sustituir personas por nuevas generaciones.

La clave está en evolucionar personas hacia nuevos perfiles profesionales.

La formación como herramienta de transición industrial

Ante situaciones de incertidumbre laboral, la formación no debe entenderse únicamente como una actividad educativa. Debe entenderse como una herramienta estratégica de competitividad empresarial y empleabilidad.

Las empresas que afronten esta transición necesitarán identificar:

Aquí adquieren especial relevancia procesos como:

1. Evaluación y certificación de competencias

Antes de formar, es necesario conocer el punto de partida.

Los procesos de assessment profesional permiten identificar las capacidades reales de cada trabajador: experiencia, conocimientos técnicos, capacidad de diagnóstico, adaptación tecnológica y potencial de evolución.

No todos los profesionales necesitan la misma formación.

La formación del futuro será más personalizada, basada en evidencias y orientada a resultados.

2. Recualificación hacia la nueva posventa

La posventa será uno de los grandes protagonistas de esta transformación.

Mientras cambia la fabricación, millones de vehículos seguirán circulando y necesitarán mantenimiento, reparación y actualización.

Los profesionales deberán dominar áreas como:

3. Formación práctica vinculada al entorno real

El sector del automóvil siempre ha tenido una característica diferencial: la teoría debe convertirse rápidamente en capacidad práctica.

La formación eficaz será aquella que acerque el aprendizaje a situaciones reales de taller, concesionario o entorno industrial.

No basta con conocer cómo funciona una batería de alta tensión. Hay que saber intervenir de forma segura.

No basta con conocer un sistema ADAS. Hay que saber diagnosticarlo y calibrarlo.

No basta con utilizar un equipo de diagnosis. Hay que interpretar correctamente la información obtenida.

España tiene una oportunidad: convertir la transformación en ventaja competitiva

España continúa siendo uno de los grandes productores europeos de vehículos y cuenta con una importante red industrial y de proveedores.

La planta de Martorell, por ejemplo, continúa siendo una instalación estratégica dentro del Grupo Volkswagen y el debate actual no solo gira alrededor del futuro de SEAT, sino también sobre cómo garantizar la competitividad industrial de la planta dentro del nuevo escenario.

Pero mantener esa posición requiere algo imprescindible: talento preparado.

La competitividad de una fábrica, un concesionario o un taller ya no dependerá únicamente de la capacidad productiva. Dependerá de la capacidad de sus profesionales para adaptarse.

Una reflexión final: la mejor protección laboral es la capacidad de aprender

Las grandes transformaciones industriales siempre generan incertidumbre. Ocurrió con la automatización, con la llegada de la electrónica y ahora ocurre con la electrificación y la digitalización.

Pero también generan oportunidades.

Los profesionales que continúen aprendiendo, que incorporen nuevas tecnologías y que sean capaces de combinar experiencia con innovación tendrán un papel fundamental en la movilidad del futuro.

Desde el ámbito de la formación profesional, la consultoría y el desarrollo del talento debemos asumir una responsabilidad clara: acompañar a las personas y a las empresas durante esta transición, convirtiendo la incertidumbre tecnológica en una oportunidad de crecimiento profesional.

Porque la verdadera amenaza para el empleo en automoción no es que cambie el automóvil.

La verdadera amenaza es que no cambiemos con él.

Fuentes utilizadas para contextualizar el artículo: